Tu me tiraste esa flecha como regalo de acicate.
Anzuelo del querer, pensaste.
Yo, inconsciente y dolorido,abandoné, con mis manos la doblé.
Trás ella me escondí.
Tú, indiferencia lo creiste.
El arco, aún curvo de rabia, me arrojaste.
Un anillo oxidado de pensamientos equívocos y quereres tibios forjamos.

-Hay gente que los utiliza para atraer a la persona amada no saben, Rubén, que los celos son una mala pescadilla que se muerde la cola. Un círculo negro, donde siempre hay uno que queda dentro y otro fuera.