Necesitaba un chapuzón. Hacer "el salto del ángel", con la sempiterna voz de desaprobación de su padre de fondo diciéndole: "Hasta q no te dejes la nariz ahí no pararás..". Esa voz no demasiado alta pero grave cuando le reñía..por eso creía que le molestaba tanto la gente que elevaba el tono de voz..En su casa nadie hablaba alto.
Hacer el salto que su abuelo le enseñó, empinarse para tomar impulso, ese pequeño salto hacia arriba sintiendo el calor en la espalda, para luego curvarse y entrar casi en picado,notando la diferencia con el agua fría, rozar con las palmas de las manos el fondo de la piscina, sentir de nuevo el contraste entre lo áspero del piso y el agua envolviéndole.
El agua casi helada que no congelaba sus pensamientos..No podía parar de pensar: "Ojalá tuviera los pulmones tan grandes como para permanecer aquí un buen rato,como si fuera el vientre materno..dejar aqui abajo los sentimientos, temores, ideas, salir a propulsión por si te quisieran seguir,que se fueran al sacudirte el pelo, ver subir las burbujitas acompañándonte mientras lo haces, sentir el escozor del cloro en los ojos.

"DUELE,DUELE", de repente recordó al psicólogo que insistía en que repitiera con él esa frase cuando no "aceptaba" la muerte de su abuelo, y él sólo atinaba a decir:"no me duele, siempre estará aquí, no lo vemos pero esta aquí" , la última consigna dada por éste.
Y volvía al presente, imaginaba a Teresa, y no hacía falta que nadie le insistiera porque "DOLÍA,DOLÍA" ,como una lanza ardiendo..

Dolía pensarla, sentir que cuando se acurrurara en su cintura no sería lo mismo, recordaba, su piel, su texutra, su aroma, su calidez..y sus palabras: "Ya no confio en ti". En qué momento se creo ese YA?. Si lloraras, aquí dentro, no se notaría: "Eso nunca, para los rescoldos..agua".
A veces se preguntaba como se mide el dolor. Ahora lo sabía. El instante en qué escuchó eso de Teresa, esa sería la vara de medir, ese dolor hondo que hace que te cueste respirar y en el que ya no le pudo aguantar la mirada, ni sentir igual al volverla a mirar a los ojos.
Su propia mirada fría sería la vara de medir..y ese dolor seco y profundo en el pecho..que ya nunca volvería a sentir con la misma intensidad.