Van a bañarme. Hoy no hay paseo. El dia es triste, brumoso, parece que fuera a llover. A mí no me apetece salir pero he de conformarme con lo que Alfonso, mi enfermero decida.
Y ha decidido que hay q asearme antes del desayuno, esa mezcla de café y galletas..
Hace rato quemi enfermerome dió el desayuno. Es un gran muchacho.Merece otro trabajo más digno, aunque bien es verdad que si todos fueran como él, nuestra vida -¿vida?- sería más llevadera.
Pero cuando más le agradezco su trabajo es cuando me lleva al jardín de paseo, y veo a otros enfermos, y enfermeras. Gente.
Hay una enfermera menuda,con una cortamelena rubia,de sonrisa permanente y ojos como la miel. Para todos nosotros, los enfermos, tiene bonitas palabras y dulces gestos. Silvia se llama.
Jamás se va sin darnos, a los viejos del paseo, un cariñoso pellizco de afecto en la mejilla, o una frase de deseo de pasar un buen dia.
Incluso a mí, aunque ella crea que no me entero de nada.
A veces es lo único bueno que me trae el día, su sonrisa.
Cuando me saluda revivo. Y daría un año de mi vida -aunque no valga mucho es la que tengo- sólo por poder darle las gracias.
Pero estoy seguro, que de algún modo, de alguna manera, ella lo sabe desde aquel viernes.
Siempre que se despide y aleja por los jardines hacia el recinto la sigo con la mirada, y mentalmente le repito: "Que tengas un buen día". Y siempre, antes de subir los dos peldaños que llevan a la galería, se gira, me busca y sonríe ,o al menos a mí me lo parece.
Es algo tácito, desde aquel día, ese viernes.
Como de costumbre aquel día bajó a dar una vuelta por el paseo, charlando y bromeando con los pacientes que se encontraba por el camino.
Se paró con Ana, le había traido un pintauñas.
Ana, la enferma mental. ¡Bonita palabra! Loca como una regadera! Diría yo!
Y como tal se puso a gritarle que no le gustaba el color,que no lo quería,lo lanzó al suelo. Cogió a Silvia por el pelo y zarandeó hasta que llegaron los cuidadores y pudieron separarlas.
Yo estaba allí en mi carrito, loco por mi nulidad, mi "no ser", inmóvil,a menos de un metro, y no podía sino llorar de impotencia como un niño.
Sin poder evitarlo las lágrimas resbalaban una tras otra por la nariz, dejaban su sabor salado en los labios y empapaban el cuello dela camisa que no podia secar.
Hasta que ella se dió cuenta. Aún no sé cómo.Porque aunque me estaba ahogando tampoco podía toser. Se acercó, las secó una a una con su pañuelo, inclinándose me besó en la frente y susurró al oido: "No te preocupes, tranquilo, son gajes del oficio".
Y "este gaje del oficio" nunca le podrá agradecer que desde entonces le dedique la mayor parte del tiempo que pasa en el patio,le pasee, hable, lea, bromee.. TRATE COMO A UN VIVO! SOY!
Debe ser tarde ya, porque el turno de nuestros cuidadores ha cambiado. Por la luz del día no puedo orientarme pues sigue nublado y triste como cuando me levantaron.Con mis duermevelas estoy siempre desorientado.
Sin embargo hoy "vuelvo a ser" por una sonrisa.
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Amante de sonrisas y palabras? jeje. No cambias.. ¡y no cambies!
Las palabras lo son todo, no?. Son alegres, tristes, cómicas,dañinas,balsámicas,tiernas...como no quererlas?
Y qué decir de las sonrisas? eso si que es VIDA, que retroalimenta.
Un beso y gracias por pasarte por aqui, que sé que no eres muy dado a ésto..